y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

María en Penecostés

Alejandra María Sosa Elízaga*

María en Penecostés

En una velada de Pentecostés, una persona, al contemplar un cuadro que mostraba las lenguas de fuego del Espíritu Santo sobre María, la Madre de Jesús y los Apóstoles, (escena inspirada en lo que narra san Lucas -ver Hch 1, 14; 2, 1-4), alguien preguntó ¿por qué María recibió ese día al Espíritu Santo, si ya lo había recibido cuando engendró a Jesús?

Cabe dar una respuesta muy similar a la que damos cuando alguien pregunta ¿por qué necesitamos recibir el Sacramento de la Confirmación, si ya recibimos al Espíritu Santo en nuestro Bautismo? El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica que la Confirmación refuerza las gracias recibidas en el Bautismo, nos “enriquece con una fuerza especial del Espíritu Santo” (C.C.E: #1285), y además nos da Sus dones (ver C.C:E.#1303), para que podamos ser testigos de Cristo, en la situación particular de vida en la que nos encontramos.

Así también sucedió con María. El Espíritu Santo vino a Ella para que engendrara a Jesús, y ahora que Jesús había vuelto al Padre y en torno a Ella se reunían los Apóstoles y demás miembros de la nueva comunidad cristiana, a la que Jesús desde la cruz se los encomendó como hijos, representados por Su discípulo amado (ver Jn 19, 25-27), el Espíritu Santo vino de nuevo, a darle la fortaleza y los dones que necesitaría, para cumplir su nuevo papel como Madre de la Iglesia, y saber aconsejar a los que predicaban, consolar a los perseguidos, animar la fe de todos y mostrarles con su ejemplo y enseñanzas, cómo ser testigos de su Hijo.

Por eso desde entonces los seguidores de Jesús hemos de acudir siempre a María, que sigue siendo nuestra intercesora y nuestra guía.

Publicado el domingo 24 de mayo de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72