y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Ciento cincuenta consuelos

Alejandra María Sosa Elízaga*

Ciento cincuenta consuelos

Me contó una amiga que cuando estaba velando a su difunto marido en la funeraria, un pariente llegó todo nervioso a darle el pésame, y mientras la abrazaba le dijo sin pensar unas palabras que suelen acompañar un abrazo, pero que resultaron muy fuera de lugar: '¡muchos días de éstos!'. Un amigo cuyo papá murió repentinamente odiaba que le aseguraran: 'ya descansó'. Decía: '¿pues de qué tenía que descansar si no se veía cansado?' Una anciana que pasó por una serie de vivencias muy difíciles paraba en seco a quienes afirmaban: 'sé cómo te sientes'; les replicaba: ‘no, no lo saben’.

Estos ejemplos muestran una cosa. Hay circunstancias en la vida en las que quienes nos rodean no saben qué decirnos. No tienen palabras. Se quedan 'en blanco' o se les ocurre alguna frase desafortunada que sólo nos incomoda o aumenta nuestro dolor.

Nos hace falta contar con alguien que no nos diga tonterías que nos inquieten o lastimen; alguien que en verdad nos comprenda, que en verdad entienda lo que nos pasa y pueda decirnos aquello que realmente nos reconforte.

Si hubiera alguien así de seguro acudiríamos seguido a consultarle, confiados en que siempre tendría algo bueno que decirnos. Pues bien, ese alguien existe: es Dios. Sólo Él ofrece auténtico consuelo, sabe dar acertados consejos, tiene para ti justo lo que necesitas escuchar.

La Sagrada Escritura está toda ella llena de palabras oportunas que Dios quiere dirigirte, pero ahora quisiera compartir contigo que hay en especial un rinconcito de la Biblia al que me gusta acudir a refugiarme cuando necesito hallar de inmediato un alma gemela, una emoción semejante a la mía, un similar suspiro salido desde el fondo del ser. Este rinconcito es el Libro de los Salmos. Ahí encuentro siempre (y mira que me atrevo a usar esta palabra tan contundente) las palabras exactas, las que hacen eco de las mías, las que me hacen sentir que quien las pronunció sabe con toda precisión cómo me siento y lo que necesito que me digan en ese particular momento.

¿Te ha pasado que alguien platica algo y tú exclamas: '¡es idéntico lo que me pasa a mí!', 'eso que dijiste,¡parece que lo hubiera dicho yo!'  Pues bien, esa es la sensación que se obtiene cuando se hojea el Libro de los Salmos ('¡esto parece escrito por mí o para mí!'), porque en los ciento cincuenta Salmos que lo componen está reflejada toda la gama de sentimientos y sensaciones que puede experimentar un ser humano: amor y odio, alegría y tristeza, fe y dudas, confianza y desaliento, serenidad y terror, nostalgia y esperanza, tribulación y paz.

Cuando estás necesitado de sentirte consolado, iluminado, favorecido por palabras inspiradas por Dios, que no sólo expresan exactamente como te sientes, sino que te ayudan a convertir tu sentimiento en oración, a ponerlo en manos de Dios y a encontrarle sentido, échale un vistazo a los Salmos; hojéalos, detente donde encuentres una palabra, una frase que te hable al corazón y quédate ahí, dejando que resuene en tu interior, te envuelva y te sane.

En la Primera Lectura que se proclama este domingo en Misa (Is 55, 10-11) dice Dios que la Palabra que sale de Su boca es como lluvia que empapa la tierra. Sí. Cuando andamos resecos del alma, sólo la Palabra del Señor nos refresca, nos renueva.

Dice el Señor que Su Palabra siempre cumple Su encargo. ¿Cuál es ese encargo? Obviamente no es confundirnos ni desasosegarnos ni hacernos sufrir (como sucede cuando recibimos ciertas palabras humanas), sino, como Él mismo lo dice, fecundarnos, es decir, sembrar en nosotros Su semilla, para que podamos aprovechar lo que sea que nos toque vivir, para dar frutos de amor, de fortaleza, de esperanza, de paz, para gloria Suya, y bien nuestro y de los demás.

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “¿Te has encontrado con Jesús?”, Col. ‘Fe y Vida’, vol. 2, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 119, disponible en Amazon)

Publicado el domingo 12 de julio de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72