y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Perdedores

Alejandra María Sosa Elízaga*

Perdedores

Perdedor.

La palabra solía referirse a quien no ganaba en alguna competencia, pero de un tiempo a esta parte se suele usar en calidad de insulto: '¡eres un perdedor!', o, cuando menos, como adjetivo despectivo para dar a entender que cierta persona no es digna de consideración o respeto porque no ha obtenido determinados logros que se esperaban de ella, es 'una perdedora'.

En un mundo que, como el nuestro, está frenéticamente orientado al triunfo, a obtener éxitos que causen asombro y admiración, no es de sorprender, pero sí muy de lamentar, que se descalifique así a un semejante.

Y es que usar este término implica un devastador desprecio hacia la otra persona derivado de una gran soberbia que da por hecho que el que habla es distinto a aquélla, es 'triunfador', y así le puede mirar por encima del hombro, desde la altura de un supuesto podium de 'ganadores' o 'exitosos' al que ha logrado -o cree que ha logrado- encaramarse.

El asunto es que resulta absurdo llamar a otro ‘perdedor’ como si uno no lo fuera, ya que ¡todos lo somos! Sí, en este mundo es imposible no perder en algún momento dado. Nadie logra mantenerse en un 'primer lugar' por siempre. ¿Por qué negarlo?, ¿por qué tenerle tanto miedo al fracaso? Quizá porque la gente sólo aprecia a quienes ganan. Lo vemos, por poner un ejemplo, entre los deportistas: si la figura aclamada ayer por sus triunfos consecutivos pierde hoy, posiblemente sus primeros fracasos sean todavía noticia, pero ella será olvidada mañana.

Así pues, como en este mundo sólo los vencedores reciben aplausos mucha gente ha llegado a creer que no hay nada peor que perder y, cae en dos errores: un vano intento de deslindarse de los ‘perdedores’, ensañándose contra ellos (aquí aplica lo de la paja en el ojo ajeno, ver  Mt 7,3) o empeñarse en afirmarse 'campeona' cuando no lo es (viene a la mente el caso de cierto político que decidió tomar un 'atajo' en un maratón, cruzó la meta con los brazos en alto dándoselas de ganador y fue objeto de sarcásticas críticas).

Ambas posturas son insostenibles, no queda más que asumir nuestra condición de 'perdedores' y aprender a reaccionar bien ante ella. ¿Cómo? Ante los fracasos de otros con misericordia (las Lecturas de este domingo nos llaman a ejercerla) y, ante nuestros fracasos, con la gozosa certeza de que somos queridos y apreciados aunque perdamos.

Pero ¿es esto posible? ¡Sí!, y para muestra tenemos el Evangelio que se proclama este domingo en Misa (ver Mt 9, 9-13).

En él se nos cuenta que Jesús invitó a un recaudador de impuestos a seguirlo.

Para comprender el tremendo significado de esto cabe situarnos en contexto: en ese tiempo el pueblo judío estaba dominado por los romanos, que los gobernaban y cobraban impuestos. Podemos imaginar la ira y resentimiento que la gente sentía hacia sus dominadores y el coraje que le daba que hubiera judíos dispuestos a trabajar para ellos, no sólo por la total falta de solidaridad que implicaba ponerse al servicio de los enemigos, sino porque además cometían abusos pues estaban autorizados para cobrar de más para sacar jugosas ganancias. El publicano era pues, lo que muchos llamarían ahora un 'perdedor', un hombre que había caído bajo aceptando una chamba que lo hacía despreciable a los ojos de sus contemporáneos.

Cómo sería de malo el asunto que no sólo san Lucas, que suele tocar los temas con gran delicadeza en su Evangelio, sino incluso san Marcos, que se caracteriza por 'claridoso', no se atreven a decir que este publicano es nada menos que Mateo, el apóstol y evangelista, sino que optan por mencionarlo por su otro nombre: Leví (ver Lc 5,27-32 y Mc 2,13-17). Es que nada bueno se pensaba ni se esperaba de un publicano.

¡Ah!, pero he aquí que frente a ese 'perdedor' pasa Jesús, que no acepta las etiquetas negativas que colocamos a los demás y a nosotros mismos; que no se deja guiar por nuestros endurecidos criterios; que ve en todos lo mejor, nunca lo peor.

Lo llama y Mateo, dejándolo todo, lo sigue. Se puede pensar que en un instante sabe comprender lo que diría Jesús más adelante, que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida (ver Mt 16, 26).

La situación de Mateo es la de todos nosotros. Al igual que él, todos hemos sido derrotados en nuestra lucha contra el pecado, todos podemos ser considerados 'perdedores', y ante esta realidad no tiene caso ni seguir aferrándonos ilusamente a la falsa noción de que los 'perdedores' son los otros, ni llenarnos de culpa y de vergüenza pensando que no tenemos remedio.

Sólo hay un camino, una solución: voltear la mirada hacia Aquel que viene hacia nosotros no sólo a pesar de que somos pecadores, sino debido a que lo somos; mirar a Jesús, que no vino por los que se sienten 'lo máximo' y creen que no lo necesitan, sino por los caídos, por los fracasados, por aquellos a quienes el mundo no juzga dignos de consideración, pero a quienes Él considera muy dignos de atención, de cuidado, de amor.

Nuestros fracasos no deben nunca hacernos sentir desanimados, con ganas de 'arrojar la toalla' y darnos por vencidos, porque para Jesús no somos nunca 'perdedores'.

Aun cuando perdamos muchas veces en nuestra lucha por alcanzar la santidad, aunque el 'marcador' nos sea muy desfavorable Él se mantiene en nuestra 'porra', sigue fielmente de nuestro lado, no se decepciona, no se desespera, no se va.

No importa cuánto fallemos, jamás nos abuchea, ni nos arroja cojines o jitomatazos; no deja nunca de creer en nosotros, de esperar nuestro triunfo, de confiar en que venceremos. Cree en nosotros más que nosotros mismos, y nos ayuda a levantarnos.

Pidamos a san Mateo que nos enseñe a imitarlo en no temer reconocernos pecadores, es decir, 'perdedores', porque ahora sabemos que precisamente porque lo somos, el Señor nos ha venido a buscar, y a Él no le importa cómo, cuánto tiempo o por qué nos hayamos perdido, sino que nos dejemos encontrar.

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “Caminar sobre las aguas”, Col. ‘La Palabra ilumina tu vida’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 104, disponible en Amazon).

Publicado el domingo 7 de junio de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72