Disfraces opuestos
Alejandra María Sosa Elízaga*
Estás a buena hora de reconsiderar. Falta una semana para elegir si quieres celebrar: a los espantos o a los santos.
El 31 de octubre mucha gente decora su casa, se disfraza y/o disfraza a sus niños de diablos, brujas, monstruos, zombies, porque les parece chistoso. No se ponen a pensar que estos personajes representan a enemigos reales de Dios.
Afortunadamente cada vez son más las familias, grupos de amigos y comunidades parroquiales que están optando por no celebrar a los seres de las tinieblas, sino a los que pertenecen a la luz, así que se disfrazan de santos.
Esto no sólo es divertido, sino incluso más creativo, pues no se limitan, como antes, a ponerse cuernos o a comprar una máscara repulsiva, sino se las ingenian para hacer, sin gastar, con los elementos que tengan a mano, su disfraz. Los más populares son san Judas Tadeo, san Juan Diego, san Carlo Acutis, santa Teresa, y a los que les sigue agradando lucir algo escabroso, les gusta disfrazarse de san Juan el Bautista, con su cabeza en una charola, o de santa Lucía, con sus ojos en un plato.
Como católicos no podemos dejarnos llevar por la corriente, hacer algo porque todos lo hacen, en especial si se trata de algo que nos orienta en dirección opuesta a nuestra fe.
Disfrazarse de espantos o de santos puede parecer igualmente divertido, pero no se compara el efecto que deja en nuestra vida espiritual representar a un ser infernal, que a uno celestial.

y los envió por delante...