Protege y libera
Alejandra María Sosa Elízaga*
Pregunté a diversas gentes cuándo consideran que alguien puede sentirse realmente protegido.
Y la mayoría de las respuestas fueron en la línea de su seguridad física. Dijeron que una persona se siente protegida si está en un lugar seguro. Algunos comentaron que ayuda a sentirse protegido tener en casa alambres de púas y alarmas contra ladrones. Hubo quien mencionó incluso un chaleco anti balas y guardaespaldas.
Al parecer el concepto de protección hoy en día suele asociarse con el de estar a buen resguardo, no expuesto a peligros externos.
Parecería que para estar protegidos hay que quedarnos encerrados.
Y sin embargo, en el Salmo que se proclama este domingo en Misa (17 en la liturgia, 18 en tu Biblia). Dice el salmista:
“Yo te amo, Señor, Tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera”
Cabe hacer notar que en la misma frase dice no sólo que Dios lo protege, sino que lo libera.
Es que a diferencia del mundo, para el que la protección suele implicar aislarse y poner barreras que lo separen de otros, la protección que Dios nos da, no es así, todo lo contrario.
Dios nos protege de las tentaciones, de los embates del demonio, de muchas dificultades y peligros de los que ni nos damos cuenta, pero Su protección no implica guardarnos en un caparazón para que no nos pase nada.
A la vez que nos protege, nos libera, de nuestras ataduras, de nuestros apegos desordenados, de nuestras miserias y pecados, de nuestras angustias y nuestros miedos. Nos libera de todo aquello que nos impide salir de nosotros mismos y vivir la vida con la auténtica libertad de que gozan quienes son y se saben hijos de Dios.
Ser protegidos y liberados por Él nos permite salir al mundo, a pesar de los riesgos y dificultades que ello implique, a ejercer, confiados y libres, los dones que Él nos ha dado, sabiendo que en Él está nuestro refugio y que Él permanece siempre a nuestro lado.
(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “Sed de Dios”, Col. ‘Reflexión dominical’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 154, disponible en Amazon)

y los envió por delante...