y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Las luchas de los santos

Alejandra María Sosa Elízaga*

Las luchas de los santos

No sé a ti, pero a mí me encanta enterarme de las luchas de los santos.

Y no me refiero a los 'enmascarados de plata' que se enfrentan en la 'Arena México', sino a las luchas de hombres y mujeres que alcanzaron la santidad.

Y si alguien se extraña de que se hable de 'luchas' en relación a los santos quizá es porque se los imagina como los retratan en estatuas y estampitas: con sonrisa beatífica y actitud inalterablemente serena; tal vez piensa que fueron santos desde chiquitos, que estaban naturalmente inclinados a la santidad.

Mucha gente considera que los santos fueron hechos de otra 'plastilina': que ya traían de nacimiento, por así decirlo, los 'genes' de la santidad, pero no es así. Eran seres humanos comunes y corrientes, con muchos defectos y muchas cualidades, como todos. Algunos de ellos antes de emprender el camino a la santidad llevaron una existencia bastante alejada de la que podría considerarse 'ejemplar' y todos sin excepción experimentaron dificultades, tentaciones, caídas o resbalones en su vida espiritual.

En la encíclica Rerum Omnium, el Papa Pío XI decía, refiriéndose a ellos: 'que nadie piense que no tuvieron la misma debilidad de la naturaleza que los demás, ni que no tuvieron que superar parecidos peligros" (RO 752). 

Recordemos que San Pablo reconoce que quiere hacer el bien y no lo hace, que siente en sí mismo una tendencia hacia el pecado, contra la que debe luchar (ver Rom 7, 15-25). Y en la Segunda Lectura que se proclama este domingo en Misa (ver 1Jn 3, 1-3), san Juan dice que quien tenga la esperanza de llegar a ver a Dios “debe purificarse a sí mismo, para ser tan puro como Él.”

Queda claro que para alcanzar la santidad hay que esforzarse, entrar como pide Jesús: “por la puerta estrecha” (ver Lc 13, 24).

Y si acaso dices: 'bueno, pero y a mí ¿qué me importan las luchas de los santos?, ¿en qué me afecta o beneficia que hayan luchado por alcanzar la santidad?'

La respuesta es: ¡claro que debe importarte! Recuerda que para ti también es el llamado a la santidad. Jesús nos pidió que fuéramos santos como el Padre celestial es Santo (ver Mt 5,48), pero para lograrlo tienes que superar tus debilidades, con la gracia de Dios. Aquí es donde resulta útil conocer cómo lucharon los santos para vencer las suyas, pues puedes aprender e imitar sus estrategias.

Los santos intachables provocan admiración, pero se les ve lejanos, inaccesibles, demasiado perfectos. ¡Ah!, pero enterarse de sus defectos y cómo lucharon para superarlos, los humaniza, hace que puedas relacionarte con ellos para pedir que te ayuden a dejar atrás esos defectos o vicios que todavía te hacen caer y que lograron vencer con la ayuda divina.

Quizá a una persona 'corajuda' no le sirva de nada saber que a San Francisco de Sales le llaman ‘el santo de la amabilidad’, ¡ah! pero le servirá averiguar que de chiquito tenía un genio de todos los diablos y logró dominarlo. Puede aspirar a imitarlo y pedirle que ore por ella para controlar su ira.

Quizá alguien adicto a la pornografía no se identifique con el virtuoso obispo San Agustín, ¡ah! pero si averigua que de joven le pedía a Dios: ‘hazme casto, pero todavía no!’ porque quería seguir dándole ‘vuelo a la hilacha’, y le costó mucho alcanzar la castidad, entonces puede animarse a pedirle que ruegue por él para alcanzarla también.

Aprovechando la Solemnidad de Todos los Santos, date un tiempo para conocer un poco más acerca de un santo o santa a quien te gustaría conocer. Descubre cómo se abrió a la gracia de Dios, cómo fue su conversión, y proponte seguir su ejemplo y pedir su intercesión.

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “¿Te has encontrado con Jesús?”, Col. ‘Fe y vida’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 171, disponible en Amazon).

Publicado el domingo 1° de noviembre de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72