No, pero...
Alejandra María Sosa Elízaga*
No quiero levantarme de mi cama, las cobijas están calientitas y todavía tengo sueño. No quiero ir a la escuela, hay examen. No quiero ir a trabajar tengo demasiada chamba acumulada. No quiero hacer el quehacer, qué flojera. No quiero ir a esa reunión familiar. No quiero ir al doctor. No quiero hacer ejercicio. No quiero ensalada. No quiero dejar de fumar.
Probablemente todos hemos dicho alguna vez alguna de estas frases, y también probablemente acabando de pronunciarla hicimos justo aquello que dijimos que no queríamos hacer: nos levantamos de la cama, fuimos a la escuela o al trabajo, realizamos el quehacer, acudimos a la reunión, al médico, hicimos el esfuerzo de cambiar ciertos hábitos perjudiciales para nuestra salud. ¿Por qué? Porque no nos quedó de otra, porque por encima del ‘sentir’ estaba el ‘deber’.
Es innegable que los seres humanos somos volubles, no siempre estamos en la mejor disposición para hacer aún lo que más nos gusta, mucho menos lo que no nos gusta, pero hay cosas que tenemos que hacer aunque no queramos, porque si no las hacemos, reinaría el caos, tanto en nuestra vida, como en la de quienes nos rodean.
Recuerdo que leí en un libro que me gustaba mucho de chica:‘Mujercitas’, que contaba la vida de una familia con cuatro hijas, que una vez en que éstas se estaban quejando de que tenían que hacer diversas labores en la casa y lo consideraban una molesta obligación, su mamá decidió darles una lección. Les propuso que al día siguiente nadie hiciera nada. De entrada les encantó la idea, pero al otro día comprobaron que eso tenía, como se dice popularmente, sus ‘asegunes’. Desperdiciaron toda la mañana durmiendo, pues como su mamá no las despertó, se levantaron tardísimo. Amanecieron tiritando porque nadie cortó leña ni prendió la chimenea. En la mesa no las esperaba su desayuno calientito porque nadie lo preparó. La alacena estaba vacía porque nadie fue a comprar algo para comer. No tardó cada una en comprender que aunque no quisiera hacer lo que le correspondía, debía disciplinarse y hacerlo, o saldría perjudicada y perjudicaría a las personas que la rodeaban.
Esto, que aplica a la vida cotidiana, aplica también a la vida espiritual. Si alguien dice: ‘qué pereza, no quiero ir a Misa’, y no va; ‘no quiero hacer oración’, y no ora; ‘no quiero leer la Biblia’, y no la lee; ‘no quiero ayudar en la parroquia’, y no ayuda; si se deja guiar solamente por lo que de momento le ‘nace’, corre el riesgo de quedarse dormido, dejar enfriar su amistad con el Señor y quedar con el corazón vacío, sin la gracia divina, sin el alimento que requiere su alma para enfrentar cada jornada.
En el Evangelio que se proclama este domingo en Misa (ver Mt 21, 28-32), Jesús pone el ejemplo de dos hermanos cuyo papá los llamó a laborar en su viña.
El mayor respondió, obediente y respetuosamente: ‘ya voy, señor’, pero como pasa con esos ‘ahorita’, que decimos en México (y que nunca se cumplen), no fue.
El otro hijo en cambio de plano contestó: ‘no quiero ir’, pero se arrepintió. Tal vez lo conmovió ver a su papá alejarse decepcionado, tal vez creyó que si no trabajaba no recibiría su ‘domingo’; en todo caso, lo pensó mejor.
Y Jesús pregunta: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” y la respuesta es: “el segundo”. No el ‘cumplidor sólo de dientes para afuera’, sino el que al principio no quería ir, pero al final fue.
Jesús aplicó ese ejemplo a quienes, como el primer hijo, aparentemente le decían ‘sí’ a Dios pero en realidad no hacían lo que Él les pedía, en contraste con quienes en un principio le habían dicho claramente ‘no’, pero se convirtieron y obraron en consecuencia.
Pero quizá también podemos tomarlo como ejemplo de lo que debemos hacer cada vez que no queremos hacer algo que el Señor nos pide, cada vez que le hemos dicho o nos hemos sentido tentados a decirle ‘no’. Reflexionar y hacerlo. Sobreponernos. Que nuestro inconstante humor nunca nos impida responder a los constantes llamados del Señor.
(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “La Fiesta de Dios”, Col. ‘Lámpara para tus pasos’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 131, disponible en Amazon)

y los envió por delante...