y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

¿Humo sapiens?

Alejandra María Sosa Elízaga*

A ti que fumas:

Te escribo esta carta para decirte que creo saber cómo te sientes:

Te han bombardeado con toda clase de sermones e indirectas acerca del cigarro, así como tajantes prohibiciones para fumar en sitios públicos y hasta en casa de tus seres más cercanos. Sientes que te acosan, y no tienes la menor gana de recibir otra andanada de críticas y rollos. Sigue leyendo.

Así estaba yo. Fumaba tres cajetillas diarias, y no tenía la menor intención de dejar lo que me gustaba tanto.  La gente que me rodeaba me ofrecía toda clase de consejos no pedidos. Algunos me dejaban indiferente. Otros me daban coraje: ¿con qué derecho se metían en lo que no les importaba?

Resentía las actitudes de los no fumadores que me hacían sentir como si fuera el enemigo público número uno. Cuando empezaron las restricciones a los fumadores, resentía tener que ocupar un sitio de segunda en restaurantes, aviones, hoteles y demás lugares públicos. Resentía que se me prohibiera fumar donde me diera la gana. Mis amigos fumadores y yo nos quejábamos de lo que consideramos una injusta persecución, un atropello, un atentado inadmisible contra nuestros derechos y libertad.

Sin embargo debo admitir que todo esto me provocaba una molestia porque muy en el fondo sabía que estaba defendiendo algo que no era precisamente la opción más 'saludable'.

 Al principio descartaba y rebatía automáticamente todo lo que me decían acerca de un hábito que francamente no quería romper.  Luego, me fui quedando sin argumentos ante las evidencias que me presentaban. Entonces empecé a vivir una verdadera lucha interior: una parte de mí decía 'sí, bueno, hay que dejar de fumar', pero la otra lo veía muuuy difícil y respondía: 'algún día', 'que otros lo dejen', 'a mí no me hace mal'.

Si estás en esa misma encrucijada, si te has planteado que sí, que deberías dejar el cigarro pero lo pospones porque te cuesta trabajo tomar la decisión, entonces el texto que tienes en tus manos puede serte de mucha utilidad.  Se trata de un artículo muy bien informado, en un lenguaje muy claro y accesible, que te da herramientas para que puedas determinar si quieres dejar de fumar, y en el caso de que te decidas, te proporciona suficiente información y sugerencias (más bien 'tácticas de guerra') como para que salgas con armas efectivas a dar la batalla. Si lo lees a fondo y lo pones en práctica, tienes el éxito garantizado.

 Considera esto: tú eres importante para los demás; seas madre o padre de familia, maestro-a, sacerdote, cantante, líder político etc., considera que el ejemplo que das influye mucho en otras personas, especialmente en niños y jóvenes. Eres responsable, no sólo de tu persona, sino de quienes puedan aprender de ti un hábito que daña. Tenlos en mente para afianzar tu decisión de cambio.

Si todavía no quieres dejar de fumar, no te deshagas de este texto. Guárdalo. Quién sabe cuándo querrás echarle un ojo, por pura curiosidad (¿por qué no ahora mismo?). No está escrito para agredirte sino para ayudarte. Dale ( y date) una oportunidad...

Y por favor piensa en esto: si alguien te hizo llegar este texto es porque te quiere y se preocupa por ti. No se lo tomes a mal...

Para terminar, quiero que sepas que –seas o no creyente- hay personas orando por ti y por cuantos lean este texto, para que encuentren la luz y fortaleza necesarias para deshacerse de esta atadura y optar por un camino de salud y de vida.  ¡Adelante!

¿HUMO SAPIENS?

El primer cigarrillo que uno fuma en la vida, sabe horrible y lo deja mareado y verde. Prender el segundo es más bien una cuestión de cómo-que-no puedo: es cosa de agarrarle el gusto nada más -eso dicen los que saben- y para eso sólo hay que insistir.  De que se encienda el tercero y los que le seguirán, se encarga ya la nicotina, que a estas alturas, ha saturado el organismo lo suficiente como para provocarle necesidad de más.

¿CUÁL ENEMIGO?

Desde hace varias décadas, el Surgeon General de Estados Unidos (el máximo dirigente en cuestiones de salud) declaró que la nicotina causa una adicción igual o peor que la de la heroína o cocaína. Incluso envió una propuesta al Congreso norteamericano para que, además de la advertencia que traen las cajetillas 'fumar puede producir cáncer', trajeran otra que dijera: 'cuidado: fumar causa adicción: una vez que empiece quizá ya no pueda detenerse.' Los dueños de empresas tabacaleras protestaron: '¿Cómo se atreven a comparar la cocaína con el tabaco?, están confundiendo al verdadero enemigo' –dijeron.  Ante esto, sólo hay que responder con cifras: Las cifras anuales de muertes por drogadicción no llegan ni al 20% de muertes por el cigarro. Y como dato adicional cabe comentar que, a pesar de que el alcoholismo es un gravísimo problema de salud, las muertes a causa del alcohol, no llegan ni a la mitad de las que se atribuyen al tabaco. 

Según cifras proporcionadas por la Organización Mundial de Salud, alrededor de ocho millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con el cigarro. Eso significa que ¡hay más de 22,000 muertos diarios que le deben su defunción al tabaquismo! (¿cómo se vería esta noticia encabezando diariamente los titulares de la prensa con una macabra foto que mostrara la montaña de cadáveres como insoportable testimonio?). Los índices de mortandad demuestran que el cigarro sí es el principal enemigo, y les lleva a los demás enorme delantera.  Y si hablamos de dependencia, el tabaco se da un mano a mano con la cocaína y la heroína: el pánico que experimenta un fumador privado de cigarrillos -que es capaz de revolver los ceniceros sucios buscando una colilla reutilizable o salir a deshoras a comprar una cajetilla en algún estanquillo- revela una necesidad física que va mucho más allá del mero antojo. La diferencia radica en que el fumador no sufre alucinaciones, estados frenéticos de euforia o demás cambios conductuales de los drogadictos. El fumador no pierde, digamos, la 'fachada', los daños que sufre son internos y a un plazo suficientemente largo como para permitirle fantasear que fumar no le hace daño.

LA ‘CORTINA DE HUMO’...

Ante la evidencia de que el cigarro mata y es más adictivo que la droga, llama la atención que tan contundentes datos sean ignorados por la mayoría de la población. La razón de ello tal vez radica en lo siguiente: las principales compañías tabacaleras han sido demandadas por estados, instituciones y pacientes que les han exigido que les restituyan los gastos que han tenido que enfrentar por padecimientos atribuidos al tabaco. Han perdido las demandas, han tenido que pagar millones de dólares, han tenido que hacer pùblicos en internet, millones de folios pertenecientes a archivos que mantenían secretos, que contienen información acerca de las inescrupulosas actividades que han realizado, sobre todo en países del tercer mundo, para obstaculizar intentos de legislación antitabaco y ocultar información sobre los daños a la salud causados por fumar. Dichas actividades incluyen localizar y ‘comprar’ periodistas y médicos para que publiquen artículos ‘especializados’ que contradigan evidencias científicas sobre los daños a la salud provocados por fumar cigarrillos; establecer ‘relaciones’ con  políticos y funcionarios del sector salud con el objeto de que no prosperen las iniciativas para reducir el consumo de cigarrillos; organizar y/o participar en conferencias; formar clubes de fumadores;  promover campañas para engañar al público haciéndole creer que fumar no hace daño y distraer la  atención de la opinión pública del asunto central (el daño que hace el humo del cigarro)  para hacerle creer que la prohibición de fumar es un  atentado contra los derechos humanos del fumador.     

El hecho de que todo esto haya salido a la luz ha provocado un gran escándalo que las tabacaleras se desesperan por minimizar. Pero ya es demasiado tarde. A lo largo de los años se ha reunido suficiente evidencia científica como para que quede demostrado, en primer lugar, que el cigarro provoca adicción y en segundo lugar, que daña gravemente la salud, tanto de fumadores como de no fumadores, pues estos últimos respiran un ambiente contaminado por humo de cigarro.    

Dediquemos ahora un espacio a contrarrestar tanta desinformación y comentar estos dos puntos, es decir, por qué el cigarro provoca adicción y de qué manera afecta la salud.          

LA NICOTINA: DISECCIÓN DE UNA FUMADA

Al igual que las drogas que afectan el sistema nervioso, la nicotina llega al cerebro alrededor de siete segundos después de ser inhalada -dos veces más rápido que las drogas intravenosas y tres veces más rápido que el alcohol-. Una vez allí, imita la acción de la adrenalina y la acetilcolina, un poderoso neurotransmisor que toca el sistema de alarma del cerebro. Así, tras unas cuantas fumadas, conforme el nivel de nicotina se incrementa, el corazón late más rápido y la presión arterial aumenta. Paralelamente la nicotina estimula la producción de beta endorfinas, opiáceos naturales del organismo que tienen un efecto calmante. Puede decirse entonces que el fumador experimenta dos estados físicos simultáneos: de alerta y de relajamiento, pero para mantenerlos debe continuar proveyéndose de nicotina, ya que su cuerpo no puede almacenarla. Esta constante dotación cierra un auténtico círculo 'vicioso' que refuerza la dependencia y hace del fumador un adicto.

FUMANDO ESPERO...       

Los fabricantes de cigarro han querido aprovecharse del poder adictivo de la nicotina. Según datos revelados en los archivos antes mencionados, trabajaron para fabricar un cigarrillo que contuviera ¡el doble de nicotina!

Pero eso no es todo. Las tabacaleras no se conforman con que la nicotina asegure la adicción física de sus clientes. A lo largo de los años, se han valido de todos los medios a su alcance para promover algo que fuera mucho más difícil de vencer: la dependencia psicológica.

A pesar de que –como se revela en los multicitados archivos-  sabían desde 1954 el daño terrible que produce fumar, eligieron no dar a conocer esta información y decidieron orquestar, en su lugar, una muy bien planeada campaña, con la ayuda de las industrias cinematográfica,  publicitaria, y luego televisiva -que cooperaron gustosas ante la perspectiva de llenarse los bolsillos- para convencer al público de que quien succiona este tubito de papel y luego arroja humo por la boca luce interesante, sofisticado, sexy, intelectual, culto, divertido, adulto, muy masculino o muy femenino -según-, seductor, lánguido o salvaje, y en todo caso siempre atractivo, por lo cual, fumar parece el acto más rico, sabroso, social y poderoso que uno puede imaginar. Humphrey hablaba con el cigarro entre los dientes; Marlene era eclipsada sólo por sus bocanadas de humo, y hasta el chango de Tarzán aparecía en algún momento dando rienda suelta a sus afanes fumígenos. Fumar se llenó de prestigio; era símbolo de estilo y de status. Para los niños y adolescentes se convirtió en una especie de iniciación a la vida adulta mucho más emocionante que el primer par de pantalones largos o de medias. Y así es hasta nuestros días.  Todavía abundan las películas y programas de televisión donde los protagonistas fuman desde que se levantan hasta que se acuestan (y también viceversa...). Llega a tal grado este 'ilusionismo' promovido por los medios de comunicación, que llenarse los pulmones de humo se anuncia como lo mejor que puede uno hacer en un bello paisaje al aire libre: recordemos aquellos anuncios del 'hombre Marlboro', con el cigarro en la boca, galopando por verdes colinas  (antes de que el actor muriera, por cierto, de cáncer de pulmón).

LO QUE EL HUMO SE LLEVÓ...

Ni todo el dinero ni toda la mercadotecnia lograron esconder la verdad: pronto se supo a dónde conducía el hábito de fumar. El cigarrillo comenzó a cobrar víctimas y cáncer se volvió su segundo apellido...

Hoy ha quedado plenamente establecido que el cigarrillo es la causa principal de muerte por cáncer.

 Y ¿qué es el cáncer?

Bajo este nombre se agrupan docenas de padecimientos causados por el crecimiento anormal de las células que, en lugar de dividirse y reproducirse en forma ordenada, crecer, reemplazar sus tejidos inservibles, reparar sus heridas, etc. comienzan a reproducirse sin control, anárquicamente, hasta formar una masa llamada tumor. Cuando el tumor es canceroso, las células que lo forman suelen desprenderse y dispersarse por el cuerpo a través del torrente sanguíneo y el sistema linfático, contagiando otras células y provocando nuevos tumores en otras zonas y órganos del cuerpo. A esto se le conoce con el nombre de metástasis y puede suceder en forma muy rápida o tardar años, pero a la larga resulta mortal.

¿Cómo es que el cigarro provoca cáncer?  Veamos:

ANATOMÍA DE UN SUSPIRO

El aire que se inhala, entra a los pulmones a través de los bronquios, que se ramifican en bronquiolos y finalmente en pequeñas bolsitas llamadas alveolos. Un pulmón normal tiene aproximadamente 300 millones de estos sacos -los cuales suman más de 750 pies cuadrados- que almacenan el oxígeno que será absorbido por el torrente sanguíneo. Este sofisticado sistema posee su propio mecanismo de limpieza: mucus, que producido por ciertas células de los bronquios, atrapa cualquier material extraño y, mediante el movimiento de los cilios -especie de pelitos de las células- sube a la garganta donde es tosido y expulsado. Otras impurezas se sacan a través de la sangre y del sistema linfático.

DISECCIÓN DE UN EXPIRO...

El cigarrillo contiene sustancias increíblemente dañinas e irritantes -como el alquitrán (de la familia del asfalto), el monóxido de carbono (primo hermano del que sale a borbotones de los camiones), arsénico, amoníaco, acetona y más de 4 mil compuestos venenosos y/o carcinógenos- que irritan las células de los bronquios y hacen que aumenten demasiado su secreción de mucus, rebasando la capacidad de los cilios de deshacerse de partículas extrañas. Esto provoca la 'tos de fumador' (que se caracteriza por continuos carraspeos, catarros que se eternizan, tos seca o con flemas que el fumador se empeña en achacar a otras causas ajenas al cigarro como alergias, enfriamientos, etc.), esto puede considerarse una 'primera llamada'. Si en esta etapa se abandona el hábito de fumar, la superficie interna de los bronquios todavía puede regresar a la normalidad. Si la persona continúa fumando, los alveolos comenzarán a destruirse. Es la 'segunda llamada'. A partir de este momento, fumar propicia crecimientos anormales en las células que pueden convertirse en cáncer:  'tercera llamada', RIP y fin de la obra.

Actualmente, más del 90% de los casos de cáncer de pulmón se deben al cigarrillo. Su formación puede tardar 10 ó 30 años, y pasar desapercibida. Los síntomas son vagos y pueden confundirse con los de otras dolencias: tos, debilidad, pérdida de peso, dolor en el pecho, falta de aire, dolor de cabeza. Ello propicia que el fumador juegue con la idea de que sus pulmones están bien y siga fumando.

Por otra parte, hay que comentar que, aunque el cáncer de pulmón es el que más publicidad ha recibido, no es el único, y los fumadores que se sienten 'médicamente autorizados' a continuar con su hábito porque se sacan periódicamente una radiografía del tórax y un doctor les dice que 'sus pulmones se ven bien', cometen un gran error: Las sustancias nocivas del cigarro afectan muchas otras áreas del organismo y puede producir cáncer de labios, lengua, paladar, laringe, faringe, bronquios, etc.

Cabe destacar que también el aparato digestivo se ve seriamente afectado por el cigarro. Muchas personas fuman para 'poder ir al baño', sin ponerse a considerar que las mismas sustancias que según ellas les ayudan, en realidad les irritan y dañan, y pueden producirles un cáncer de estómago, duodeno, intestino o colon, por mencionar los más comunes.

El fumador que se cree a salvo porque tiene 'limpios los pulmones' debería preguntarse: ¿y qué hay de todo el resto?

HUMO EN EL ABECEDARIO

El cigarro es tan dañino que aun dejando de lado el cáncer, -que es la principal enfermedad que produce-  pueden encontrarse suficientes males provocados por él como para abarcar casi todas las letras del alfabeto, y algunas incluso ¡varias veces!:

A: Afonía, arrugas, ateroesclerosis, anemia, alergias, asma, ambliopía, alteración en saliva y dentina

B: Bronquitis, bronconeumonía, broncocontricción

C: Conjuntivitis, colitis

D: Diarrea, dolor de estómago, dolor de cabeza, dispepsia, dermatitis, dependencia física y psicológica, e: enfisema pulmonar, esterilidad

F: Faringitis, flojera (después del 1er cigarro, viene el 'desguance',  las ganas de no hacer nada)

G: Gastritis hiperclorhídrica, gingivitis, gastroduodenitis

H: Halitosis (es decir, muuuy mal aliento), hipertensión

I: Inapetencia, impotencia

J: Jadeos (falta el aire al caminar, al subir escaleras...)

K: Kilos de menos en fetos

L: Laringitis, llagas

M: Menorragia, mal olor (el fumador deja una estela de olor a tabaco por donde pasa)

N: Nariz tapada

O: Opresión en el pecho, ojos llorosos, olfato menguado

P: Palpitaciones, parto prematuro, pérdida de memoria, periodontitis

Q: Quemaduras (y hasta incendios, por colillas mal apagadas), quejas (por males propios y ajenos).

R: Rinitis, ronquera (mujeres con voz de hombre; cantantes que pierden prematuramente la voz)

S: Sordera, stress, sedentarismo

T: Taquicardia, traqueitis, tuberculosis, tos crónica

U: Úlcera gástrica, úlcera péptica, úlcera duodenal

V: Vejez prematura, voz cascada

X: Xantosis en huesos y dientes

Y: yeyuno afectado

Z:  zozobras anímicas y económicas sin fin.

La salud es como la limpieza de una casa: pasa desapercibida hasta que falta. La más mínima molestia -una gripa, un cólico, un dolor de muelas o de cabeza- suele alterar el ánimo, volver a los hombres como niños quejumbrosos y a las mujeres tirarlas en cama o cuando menos ponerlas de muy mal humor.  El que fuma suele decir: 'de algo me tengo que morir' como si el cigarro fuera a matarlo fulminante y convenientemente. No es así. Los males relacionados con el cigarro incluyen desagradables y dolorosísimos síntomas que pueden durar meses o años. Los tratamientos a que deberá someterse son y caros, y suelen provocar terribles efectos secundarios.

 Fumar es un hábito social, pero cuando conduce a un hospital, lo social se limita a las horas de visita. Frente a la radiación, la cirugía, la quimioterapia, los tratamientos de por vida y el temor, el paciente se siente y se queda muy solo...

FUMAR CON F DE FEA

Como dato adicional para aquellas mujeres que se preocupan mucho por su aspecto físico, cabe mencionar que lo que la fumadora gasta en cosméticos lo tira por la ventana con cada click de su encendedor: el cigarro hace que la piel pierda elasticidad y se arrugue, sobre todo alrededor de ojos y labios; el pelo se reseca, opaca y apesta; el aliento se vuelve amargo, como de colilla recién apagada (y todos lo notan menos quien fuma); la voz se enronquece y se quiebra: (comienzan a confundirla con su mamá en el teléfono), no puede cantar sin echar gallos; los dedos y uñas se ponen amarillentos; y donde va,  deja una estela de olor a cigarro.

FUMANTES AMBULANTES

El cigarro no sólo afecta a los fumadores, sino a no fumadores que inhalan el humo.

 El fumador no está solo mientras fuma: lo rodean sus familiares, amigos, colegas de oficina, y aun los extraños con los que momentáneamente comparte un espacio que llena de humo.

 Según datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud, el humo de cigarrillo constituye la mayor amenaza para la calidad del aire en los interiores.

Hay fumadores que dicen: ¿qué más da que fume, si de todos modos en esta ciudad el aire es una porquería?, pero están en un error.  El aire en el exterior contiene partículas suspendidas de polvo, diesel, heces fecales y ozono, que no se encuentran en el interior de una casa u oficina que tiene las ventanas cerradas.  Por ello, sí hay una gran diferencia entre un aire interior limpio y uno con humo de cigarro.

El fumador literalmente ensucia el aire y cuando éste no se renueva o cuando sale peor abrir las ventanas por el humo de los camiones o el embate de las inversiones térmicas, la situación puede volverse crítica.

Entonces fumar deja de ser una decisión individual para convertirse en un verdadero atentado contra la salud de los demás.  El fumador no puede aducir que tiene 'derecho a fumar' pues su derecho termina donde comienza el derecho de los demás a respirar un aire puro.

¿Qué diría un fumador si alguien llegara a su casa y abriera una caja de fétidos huevos podridos? Seguro se taparía la nariz, se desharía de la caja y ventilaría la habitación lo mejor posible para dispersar la peste.  Pues bien, cuando él fuma en un interior, genera, además del nocivo humo, una pestilencia que tarda más de dos días en eliminarse. ¿Cómo puede alegar que tiene 'derecho' a dañar el aire que otros van a respirar?          

FUMADORES QUE NO FUMAN

La Organización Mundial de la Salud sostiene que un no fumador que está expuesto a un ambiente de humo de cigarro, aumenta 50% sus posibilidades de contraer cáncer y otros padecimientos graves. Veamos algunos ejemplos de quienes pueden resultar más afectados por esto:

Una mujer mayor de treinta años, que toma anticonceptivos y está expuesta a un ambiente de humo, tiene 50% más posibilidades de contraer cáncer, pues combina dos hábitos sumamente dañinos.

Una mujer embarazada que fuma y/o está expuesta a un ambiente de humo, está afectando seriamente al feto: duplica sus posibilidades de muerte intrauterina, aborto espontáneo o parto prematuro, complicaciones en el parto por falta de oxígeno y un bebé, adicto ya a la nicotina, que nacerá mucho más propenso que otros niños a contraer cáncer y otras enfermedades del aparato respiratorio.

Una mujer que fuma y/o está expuesta a un ambiente de humo, que amamanta a su bebé, le está dando leche con nicotina,¡vaya combinación! y con ello afecta sus reflejos y salud futura.

Un niño sometido a un ambiente de fumadores, padecerá más fácilmente catarros, bronquitis, neumonías, tos crónica, infecciones, y verá reducida su capacidad pulmonar y por tanto será, gracias a sus padres fumadores, un niño en desventaja. En un estudio realizado se encontró que los hijos de padres fumadores tenían un nivel de nicotina en saliva equivalente a haber fumado 80 cigarrillos en un año. Esto afecta también su desarrollo intelectual y tiene repercusiones que pueden aparecer a los once años, por no mencionar su propensión a adquirir un hábito funesto que pudo no afectar a sus progenitores, pero que a él puede acarrearle la muerte. (¿qué padre o madre podría afirmar con orgullo: 'mi hijo aprendió de mí a fumar, y gracias a ello hoy está muy enfermo o, peor aún,  muerto'...?)

Los asmáticos y todos aquellos que tienen algún padecimiento cardíaco pulmonar, ocular, etc. ven agravarse sus males al contacto con el humo del cigarro del fumador.

No importa si el fumador abre la ventana, si se 'hace para allá', si dirige el humo hacia otro lado, el ambiente se satura de tóxicos que se mezclan con el aire y lo vuelven un fúnebre coctel para él y para cuantos lo rodean.

MÁS CARO EL CALDO...

El costo social del cigarro en términos de pérdidas, rebasa con mucho las ganancias que pudieran obtenerse del mismo.

Los agricultores destinan tierras, abonos, riegos, para realizar -en estos tiempos de crisis alimentaria- un cultivo que literalmente se hará humo y cuyos beneficios económicos -para unos cuantos- pronto se verán eclipsados, a nivel nacional, por los cuantiosos gastos que entrañan el ausentismo debido a enfermedades ocasionadas por el cigarro; el bajo rendimiento en ambientes saturados de humo; el daño a material y equipos delicados; las faltas de quienes tienen que recibir tratamientos; las muertes de los fumadores y la necesidad de que las instituciones de salud destinen sus presupuestos -de por sí exiguos- a la adquisición de equipos costosísimos para atender enfermedades que pudieron haberse prevenido de haber existido un programa efectivo que facilitara la toma de conciencia de los consumidores respecto a las terribles consecuencias que trae consigo el fumar.

En todo el mundo se realizan millones de consultas médicas al año por problemas relacionados con el cigarro. El costo de un tratamiento de quimioterapia y/o radioterapia, cirugías y otros tratamientos es altísimo. Este tremendo costo desinfla el argumento de que el tabaco es bueno porque genera empleos. No son los campesinos quienes se benefician, ni los obreros de las cigarreras. Ellos obtienen lo mínimo para que se enriquezcan unos cuantos a costa del sufrimiento de millones. ¿Dónde está el ‘beneficio social’ de esto?

NI LIBERTAD NI DERECHO

Como se puede deducir de lo hasta aquí comentado, cualquier programa tendiente a restringir el uso del tabaco se enfrenta con dos grandes oponentes: Los propios fumadores y las industrias tabacaleras.

Los primeros no quieren ni oír hablar de restricciones que 'coarten su libertad'. Pero si se considera la dependencia física y psicológica que el cigarro provoca en un fumador, no se puede menos que pensar que éste ha sido manipulado hasta hacer de él un verdadero adicto. No tiene ya, por tanto, ninguna libertad: está sujeto a un hábito y ya no será capaz de juzgar libre y lúcidamente lo que le hace bien o mal. Buscará solamente asegurar su adicción.

Las segundas alegan tener derecho a comerciar con entera libertad un producto lícito. Pero uno se pregunta, ¿puede considerarse lícito algo tan nocivo para la salud?

Surge entonces una pregunta: ¿A qué se debe que se restrinja el uso de aditivos artificiales en alimentos por considerárseles carcinógenos, y no el uso de esta sustancia probadamente carcinógena que afecta tanto a los fumadores activos como a los involuntarios, y es, además, la primera causante de muertes en el mundo? ¿Qué oscuros intereses hay detrás de todo esto?

POSESIÓN NICOTÍNICA

Para comprender lo difícil que es dejar de fumar, hay que tomar en cuenta que el cuerpo y la mente forman una unidad. Las necesidades físicas se expresan en ideas (el cuerpo que necesita potasio, por ej. traduce esta necesidad en una idea: 'qué rico me caería ahorita un licuado de plátano'). En el caso de las adicciones, se crean necesidades físicas tan intensas que se traducen en ideas que ocupan un sitio preponderante en la mente. La gente se obsesiona. La necesidad de satisfacer su adicción se apodera de su pensamiento.  Están haciendo otras cosas y pensando: ‘tengo que fumar’, ‘necesito un cigarro’, ‘ya no puedo más’, ‘cómo haré para fumármelo?’, etc.

Quien desea dejar de fumar enfrenta así un fuerte conflicto interior: una parte de su cerebro establece razones y propósitos; otra -habitada por la nicotina, que no está dispuesta a desaparecer tan fácilmente de la escena- se dedica a susurrarle: 'no lo dejes', 'no te pasa nada', 'más adelante lo dejas, hoy no', 'éste y ya'...

RAZONES DE LAS SINRAZONES

Se realizó una encuesta informal para ver qué clase de razones dan los fumadores para continuar con su hábito. He aquí las respuestas más frecuentes y una contestación a las mismas.

Lo que dijeron: "De algo me he de morir"

Respuesta:  Es cierto que de algo se va uno a morir, pero ¿por qué escoger desde ahora una manera tan fea?  Las enfermedades relacionadas con el cigarro no suelen matar de 'sopetón', sino lenta y dolorosamente. Muchos pacientes tienen que vivir años y años sujetos a un tanque de oxígeno o sienten que se asfixian; otros tienen que enfrentar tratamientos costosos, padecer efectos secundarios, etc. 

Imagínate que te enteraras de que se ha establecido en la tierra una oficina ‘celestial’ en la que se te permite escoger, ya desde ahora el modo como te vas a morir. Llegas y ves varias ventanillas con letreritos que dicen: ‘Muerte por asfixia, tratando de jalar aire sin conseguirlo’. ‘Muerte por dolores inaguantables’. ‘Larguísima agonía’, y así sucesivamente. Por último descubres una que dice: ‘Muerte en su cama, dormidito y sin darse cuenta, quizá ya de viejito’. ¿En cuál ventanilla te formarías tú? 

Fumar equivale a elegir anticipadamente una muerte garantizadamente horrible. ¿Ya lo pensaste bien?

Lo que dijeron: "No quiero llegar a una edad avanzada"

Respuesta:   Cuando teníamos diecinueve años, una amiga que fumaba mucho me dijo: 'no quiero llegar a los cuarenta'.  Hoy tiene cuarenta, está casada, tiene hijos y por supuesto no se querría morir.  Lo que entonces le parecía buena edad para dejar este mundo, hoy ya no se lo parece tanto.  Fumar para asegurar una muerte joven, para evitar los achaques de la edad, es muy riesgoso. Puede ser que no llegue la muerte, pero de seguro sí llegarán achaques peores que la vejez: enfisema, por ejemplo, en el que sientes que te falta el aire y la menor actividad te deja jadeante y agotado. Fumar quizá no impida que llegues a viejito, pero sí que seas un viejito sano e independiente.

Lo que dijeron: "No me importa lo que me pase"

Respuesta:  Está apostando a un suicidio a largo plazo. Es la típica respuesta de alguien que fuma por depresión. Necesita ayuda, tratamiento. Ahora no le importa su vida, pero está haciendo algo que puede tener efectos negativos a largo plazo, cuando sí le importe, cuando quizá ya esté recuperado y tenga nuevos proyectos, ilusiones y ganas de vivir. ¡Qué responsabilidad elegir hoy algo que con toda seguridad te lastime mañana!

Lo que dijeron: "Fumo muy poquito. No tengo vicio"

Respuesta:  Organizaciones de salud como la Asociación Americana de Cáncer y el Instituto Mexicano de Enfermedades Respiratorias afirman:  'no existe el cigarrillo inocuo. Incluso uno solo ya daña a la salud.'  Fumar implica siempre un gran riesgo: caer en una adicción que puede matarte, ¿para qué jugar con fuego?

Lo que dijeron: "A mí no me hace daño"

Respuesta:  ¿Cómo lo sabes?, ¿porque tus pulmones están aparentemente limpios?, ¿y el resto? No sólo existe cáncer de pulmón, sino de boca, laringe, esófago, nariz, estómago, intestino, etc.  Y no sólo puede darte cáncer por fumar sino innumerables enfermedades cuyos síntomas se manifiestan cuando ya es demasiado tarde (ve la lista presentada). ¿Cómo puedes asegurar que tú no padecerás -o ya padeces sin saberlo- alguna de ellas?

 Por otra parte, aunque pudiera ser cierto que al fumador no le hace daño fumar (lo cual no es cierto), ¿qué hay de quienes lo rodean?  los familiares, amigos, conocidos y desconocidos que respiren el aire que él contamina, padecerán graves consecuencias de salud. Sus seres más queridos lo ven fumar: ello los afecta, y si además provoca que comiencen a fumar también, ¿puede el fumador asegurar que el cigarro no les hará daño a ellos?

Lo que dijeron: "Si no fumo, no voy al baño"

Respuesta:  Esto equivale a matar con una pedrada un mosquito que se para en la nariz. El remedio sale peor que la enfermedad. Fumar para ir al baño indica que el cigarro te está afectando el sistema digestivo y puedes acabar con un cáncer de estómago, de intestino, úlcera, colitis, etc.  ¿Por qué no mejor intentar otro método que no te dañe? Por ejemplo: aumenta tu consumo de fibra (cierto cereal garantiza que en dos semanas te 'regulariza'), toma más agua, haz algún ejercicio, ayúdate con algún laxante natural, pero ¡no pongas gravemente en riesgo tu salud para obtener un resultado que puedes lograr de otra manera!

Lo que dijeron: "Con la contaminación que hay, qué más da que fume"

Respuesta:  El fumador ve incrementado varias veces el daño que hace la contaminación.  Cuando una persona no fumadora entra a su casa, el aire que respira está libre de gran parte de contaminantes que flotan al exterior, pero no penetran a una casa (ozono, polvo, diesel, materias fecales, etc). En cambio, el fumador organiza su propia contaminación casera. ¡Doble perjuicio! Y ni hablar de los que fuman en su recámara por la noche antes de dormir: pasan toda la noche respirando un aire lleno de sustancias dañinas para su organismo, sin dejarlo descansar jamás.

Lo que dijeron: "Sólo fumo cuando voy a fiestas y reuniones"

Respuesta: La publicidad triunfó: arrojar humo sobre los demás y tener mal aliento se considera algo muy 'social'. ¿Serán igualmente 'sociales' las reuniones alrededor del lecho de un fumador canceroso?

Lo que dijeron: “Sólo fumo en el trabajo"

Respuesta:  Mal servicio les haces a tus colegas. Además está comprobado que la falta de una adecuada oxigenación afecta las funciones del organismo: el fumador rinde menos en el trabajo.

Lo que dijeron: "Es el único gustito que me doy"

Respuesta:  Tu único 'gustito' de hoy puede tener un costo altísimo de 'disgustote' mañana, cuando te den un diagnóstico que no te guste nada.  ¿Vale la pena pagar ese precio?

Lo que dijeron: "Fumo porque me da la gana"

Respuesta:  A ti no, a los fabricantes. Te manipularon y te metieron en este vicio a tal grado que ahora tú solito lo defiendes y lo sientes como algo muy tuyo, cuando en realidad eres víctima de todo un sistema que te ha llevado a aceptar incondicionalmente lo que te den -rollitos de papel rellenos de los venenos que les da la gana- bajo un envoltorio glamoroso de publicidad y atinada mercadotecnia.  No fumas porque quieres, fumas porque quieren.

Lo que dijeron: "Fumo por imprudente"

Respuesta:  Ni hablar, esa sí que es una buena respuesta. Pero ¡no te conformes y haz algo!

Lo que dijeron: "En cuanto se calmen las cosas, lo dejo"

Respuesta:  Las cosas nunca se van a calmar.  Un muñequito de una caricatura, pedía: '¡paren el mundo, que me quiero bajar!'  Pero el mundo no se detiene.  En la vida hay problemas, asuntos pendientes, urgencias, situaciones difíciles, retos, y cuando acaba uno, surge otro, cuando se resuelve uno, falta otro por resolver. Esperar a que llegue un idílico período de calma para poder dejar de fumar, es posponerlo siempre. La calma puede venir demasiado tarde, como producto de tener que guardar cama en un hospital a causa de una enfermedad producida por el cigarro.  No esperes a que las condiciones externas sean perfectas porque nunca lo serán. Tú puedes crear tus propias condiciones internas, tu propia paz interior, para dejar de fumar. Si eres creyente acude a la oración, pídele a Dios que te ilumine para tener la fortaleza, paz y perseverancia suficientes como para dejar de fumar aun si tu vida es un caos.

Lo que dijeron: "En cuanto quiera, lo dejo"

Respuesta: ¿Ah sí?, ¿y por qué no lo dejas hoy?, ¿qué estás esperando?, ¿que te agarre el vicio?, ¿que te haga un daño irreversible?  Si en verdad puedes dejarlo tan fácilmente, ¡hazlo ya!

Lo que dijeron: "N lo puedo dejar, es más fuerte que yo"

Respuesta:  No digas que no puedes. Querer es poder. Efectivamente es un vicio muy fuerte y difícil de dejar, pero si ya te decidiste a hacerlo, lo lograrás.  Sólo toma en cuenta lo siguiente:

El fumador debe ser consciente de que no es él quien desea fumar: es víctima de una adicción que literalmente le mete ideas en la cabeza, y contra ello ha de emprender una lucha sin cuartel en la que habrá de emplear cuantas armas estén a su alcance.

He aquí algunas estrategias empleadas por combatientes que salieron victoriosos:

TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS

1. Piensa en los beneficios de dejar de fumar; haz una lista lo más larga posible, léela con frecuencia y sácala cuando te asalte la tentación de fumar. Por ej: dejar de fumar proporciona mayor energía, fin de la sensación de ahogo, la carraspera, la tos seca o flemosa, el mal aliento, la piel marchita, la falta de olfato, los dedos amarillentos, el olor a colilla trasnochada; ahorrarás una suma considerable; no contaminarás; no perjudicarás a terceros -especialmente a tus seres queridos- y, si no es demasiado tarde, lograrás recuperar completamente tu capacidad pulmonar.

2.  Observa y anota cuándo fumas con más ganas y cuándo por inercia. Esto te servirá mucho para preparar futuras estrategias: hacer algo especial a la hora en que sueles fumar con ganas, entretenerte en algo, levantarte de donde estás (en sobremesa, o viendo tele, etc.), lavarte los dientes, distraerte, en fin.

3. No dejes de fumar un día en que hayas fumado, porque el olor del que te has impregnado hará que se te antoje seguir fumando.

4. Ponte una fecha límite: tal día dejo de fumar (puede ser mañana mismo, ¿por qué no?) y proponte cumplirla.

5. Pide ayuda. Si eres creyente, en primer lugar pide a Dios que te ayude a liberarte de este vicio. Pide a algún grupo de amigos que oren por ti, anótate en la lista de intenciones de alguna iglesia para que pidan por ti, solicita toda la ayuda que puedas conseguir, ¡no hay nada más efectivo!

6. Deshazte de todo cuanto esté relacionado con el cigarro: tus ceniceros, encendedores, cajetillas de emergencia (sí, ésas que tienes escondidas por toda la casa) que nada en tu casa te recuerde ese vicio.

7. El día que dejes de fumar, mantén la boca ocupada con un chicle -de preferencia sin azúcar que ni engorda ni produce caries- o un hielo, una verdurita cruda, un caramelo sin azúcar, en fin, lo que sea que puedas masticar, mordisquear, chupar, para compensar tu necesidad oral de un cigarro.

8. Bebe mucha agua. Especialmente a las horas en que solías fumar con más ganas.

9.  Durante las primeras dos semanas, no realices ninguna actividad que relaciones con el cigarro: tomar café, hacer sobremesa, visitar a ciertos amigos fumadores, ir a ciertas reuniones o fiestas, etc.

10. Asiste a lugares donde no esté permitido fumar: ve al cine, al teatro, a un concierto, a algún museo, visita a personas no fumadoras.

11.  Si tienes un sillón favorito en el que te sentabas a fumar, cámbialo de lugar, retapízalo, hazle algún cambio y por lo pronto, no te sientes ahí.

12.  Si no te gustaba fumar después de lavarte los dientes, lávatelos cada vez que se te antoje fumar (lleva en la bolsa una de esas pastas de dientes de tamaño pequeñito y ponte un poquitito en la lengua si acaso estás en un lugar en el que no puedes lavarte toda la boca)

13. Inicia algún ejercicio: caminar, nadar, andar en bicicleta. Respira profundamente mientras lo haces. Siente cómo se llenan de aire puro tus pulmones. Disfruta la sensación. Comprueba cómo, conforme pasan los días, te sientes más lleno de energía y duras más sin cansarte y sin sentir que te falta el aire.

14. Dile a todo el mundo que ya no fumas, especialmente a alguien cuya aprobación valores mucho. Concíbete como ex-fumador.

15. No dejes que nadie te convenza para volver a fumar. Tus amigos fumadores se verán muy cuestionados por tu decisión y sentirán que han perdido un cómplice.  Quizá te traten de hacer volver al vicio, te pidan que les enciendas los cigarros, que te eches 'el último'. No caigas en esa tentación.

16.  No comas en exceso ni con irritantes, para que no se te antoje un cigarro para 'bajar' la comida.  Evita el alcohol.

17. No cometas el error de hacer como que fumas un cigarro apagado. El aroma puede resultar demasiado tentador y acabarías por prenderlo.  Si quieres hacer como que fumas, ponte entre los dedos un palito de pan: como es poroso, puedes hacer la mímica de succionarlo como si fuera cigarro, juguetear con él, mordisquearlo, en fin, entretener las manos un rato mientras te acostumbras  a no tener el cigarro en ellas.

18. Mímate. Cómprate algo a cuenta del dineral que estás ahorrando al no gastar en cigarros.

19. Algo importantísimo: lidia con un día a la vez.

 A mucha gente le da tristeza pensar en no volver a fumar nunca más. Dicen '¡nunca más!' y como que les parece demasiado. El cigarro ha sido una 'compañía' (¡vaya compañía!) y sienten que van a extrañarlo mucho. Tú olvídate. No pienses en ello. Enfréntate con un día a la vez. Más aún, con un instante a la vez.  Cuando se te antoje un cigarro di: ahorita no, más tarde me lo fumo. Y en la tarde di: 'ya duré toda la mañana, en la noche me lo fumo'.  Y en la noche di: 'ya duré todo el día de hoy, mañana me lo fumo'. Y al día siguiente en la mañana di: 'ya duré todo el día de ayer, no voy a echar todo a perder ahorita; en la tarde me lo fumo'  y así, ve ganando terreno, pasito a pasito, momento a momento. Posponiendo siempre el momento de fumar (pero sin cumplirlo ¿eh?).

20. Prepárate para enfrentar los síntomas de abstinencia.

Las primeras dos semanas son las más difíciles porque son el arrancón. Quizá experimentes nerviosismo, mal humor, quizá subas un poco de peso, ¡no te dé pánico! esto es sólo temporal. Una vez que el cuerpo asimile la falta de nicotina, todo volverá a la normalidad. ¡No permitas que nada te desanime, está tu salud en juego!

21. Recuerda: a la tentación no se le coquetea, ¡se le corre!

Si comienza a rondarte el pensamiento de fumar, sácalo de inmediato de tu mente. No empieces a decirte, 'sí, ¿verdad?, sería rico, total sólo uno, luego lo dejo', etc. ¡NADA DE ESO! Distrae tu mente de inmediato y no cedas a estos pensamientos porque pueden engendrar acciones que luego lamentarás.

22.  Si necesitas apoyo de un grupo, búscalo.

En todo el mundo hay excelentes clínicas de tabaquismo en diversos hospitales. Averigua cuál  queda más cerca de tu domicilio, a qué horas son las reuniones, etc.

23. Ten confianza en que lo lograrás.

            No dejes que pasados fracasos te desanimen. Esta vez tú puedes lograrlo y ¡lo harás!

 

UNA FUMÍVORA CONCLUSIÓN

No debe permitirse que bajo una apariencia glamorosa se oculte la terrible cuota de miseria humana provocada por el hábito del tabaquismo. El fumador se destruye y puede destruir también a sus seres más cercanos. Su liberación está al alcance de un cenicero.  Después de todo, con la ayuda de Dios, con apoyo de sus seres queridos y con su propia voluntad, los lazos que hoy lo atan al tabaco -y que parecen tan inquebrantables- pueden volverse tan volátiles como el humo mismo de un cigarrillo que se apaga...