Dependencia e independencia
Alejandra María Sosa Elízaga*
'Ser independiente' es algo que hoy en día es muy valorado, se trata de un país o de una persona, eso de no tener que depender de nadie, eso de mandarnos solos, suena muy atractivo. El mundo nos invita a pensar que podemos salir adelante por nuestras solas fuerzas.
Pero Jesús nos deja bien claro que eso es falso. Nos dice: “ Separados de Mí, no podéis hacer nada ”. (Jn 15, 5). Ojo: no dice: 'no podéis hacer demasiado' ni 'no podéis hacer mucho', dice “ nada ”.
Lo reconozcamos o no, dependemos enteramente del Señor. Es Él quien nos dio la vida y nos mantiene vivos, es Él quien nos da Su gracia, para que tengamos la luz, la fortaleza, la intuición, la inteligencia, él ánimo, el valor que necesitamos a cada instante para salir adelante.
No sólo es falso, sino ridículo pretendiente que nos bastamos a nosotros mismos. Y esto no es una mala noticia, todo lo contrario, es motivo de gozo y de gratitud sabernos en la palma de la mano de Aquel que por amor nos creó, por amor nos cuida y por amor nos invita a vivir la eternidad a Su lado.
La única independencia que en verdad vale la pena buscar, y ojalá conseguir y celebrar, es la de todo aquello que nos estorbe para cumplir Su voluntad: nuestras ataduras, adicciones y pecados. De eso sí que debemos esforzarnos por independizarnos, y para ello contamos con la Confesión, la Comunión, la oración, la lectura de la Palabra, la guía de la Iglesia. ¡Aprovechémoslas!
En este mes dedicado a honrar nuestra patria terrestre, no olvidemos que vamos de camino hacia nuestra verdadera patria, la celestial, y para alcanzarla hemos de tener claro qué dependencia y qué independencia debemos buscar y festejar.

y los envió por delante...