Los mejores propósitos de año nuevo
Alejandra María Sosa Elízaga*
Los mejores propósitos de año nuevo deben tener tres características:
1. Ser concretos. No nada más digas: ‘quiero ser mejor’, sino especifica en qué y pon los medios para lograrlo.
2. Que te ayuden a crecer espiritualmente. Tu meta en esta vida es encaminarte hacia la santidad para que cuando mueras puedas ir al Cielo y pasar con Dios la eternidad. Así que tus propósitos deben ayudarte a alcanzar esta meta, no enfocarse sólo a lo mundano.
3. Que sean realizables. Que puedas cumplirlos. No te propongas hacer algo tan complicado o difícil que no lo podrás lograr y te vas a frustrar.
Tomando en cuenta estas tres características aquí tienes 12 sugerencias de propósitos que puedes realizar durante el año:
1. Dedicar un cierto tiempo diario a dialogar con Dios, pero no sólo para pedirle, sino para escucharlo.
2. Leer diario la Palabra de Dios. Por ejemplo, las Lecturas que se proclaman en Misa; o empezar a leer en tu Biblia uno de los Evangelios o una Carta de san Pablo, con ayuda de un buen comentario católico que te ayude en su interpretación y reflexión.
3. Asistir a Misa todos los domingos, sin peros ni pretextos, y además, cuando puedas, también en otros días.
4. Visitar al Santísimo un ratito, durante la semana.
5. Rezar el Santo Rosario por las intenciones del Papa y por diversas intenciones como la paz, la conversión de tus seres queridos, el respeto de la vida desde su concepción hasta su fin natural, etc.
6. Rezar diario la Coronilla de la Divina Misericordia, sobre todo por enfermos y moribundos.
7. Realizar diario, o al menos una vez a la semana, una obra de misericordia espiritual (enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que se equivoca; perdonar a quien nos ofende; consolar al triste; soportar con paciencia los defectos del prójimo; rezar a Dios por vivos y difuntos, y/o una obra de misericordia corporal (dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; visitar a los enfermos; dar posada al peregrino; vestir al desnudo; visitar a los presos; enterrar a los difuntos).
8. Corregir uno de tus defectos. Pídele a Dios que te ayude a superar alguno de tus defectos, por ejemplo, tal vez eres impaciente, o te gusta chismear o presumir, o te cuesta perdonar. Cada día al despertar proponte no caer en ese defecto. Hazle, lo que en deportes llaman ‘marcaje personal’, es decir, no dejes que tome la delantera, ciérrale el paso. Al mediodía revisa cómo vas, si has caído, pide perdón y proponte enmendarte. En la noche revisa todo tu día. Pide perdón por tus caídas, agradece a Dios las veces en que te ayudó a levantarte y solicita Su ayuda para retomar la lucha al día siguiente.
9. Acudir con frecuencia al Sacramento de la Reconciliación. Confiésate cuando menos una vez cada quince días o cada mes, o antes si caes en algún pecado grave o en uno del que estás necesitando la gracia ‘extra’ del Sacramento para superarlo.
10. Realizar una peregrinación a algún santuario mariano.
11. Leer un libro escrito por algún santo o santa: su autobiografía, o sus cartas, o sus consejos. Por ejemplo, de santa Teresita del Niño Jesús, o de san Francisco de Sales o de san Juan Bosco. También puedes leer (y hacer) la consagración a María (la escrita por san Louis de Montfort o más recientemente y más sencilla, por el padre Michael Gaitely, MIC) o la consagración a san José (escrita por el p. Donald Calloway MIC).
12. Compartir con alguien tu fe, sea que le des un testimonio de lo que ésta significa en tu vida, de algún momento en que tener fe te ayudó a superar alguna crisis o dificultad, o sea que le invites a acompañarte a Misa o a un retiro o a una charla, o que le prestes un buen libro católico, o que ores con esa persona por sus intenciones.

y los envió por delante...