y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

¿Para qué estudiar?

Alejandra María Sosa Elízaga*

¿Para qué estudiar?

Se preguntó a estudiantes de diversos grados, con motivo de su regreso a clases, cuál es su motivación para estudiar. Y entre todas, destacaron estas tres desafortunadas respuestas:

Aprender mucho

Es buena la sed de conocimiento, pero quien tiene aprender como meta, se vuelve eterno estudiante, y aunque obtenga licenciatura, maestría, doctorado, nunca se satisface, sigue dedicado a acumular y acumular conocimientos que nunca aplica ni aprovecha.

Ser ‘alguien’

Desgraciadamente hay quienes creen que su profesión les da su identidad y valor como seres humanos. Ignoran que su dignidad no depende de un título, sino de ser creados y amados por Dios.

Obtener buen empleo y ganar mucho dinero

Tener títulos no garantiza, y menos en estos tiempos, conseguir el trabajo anhelado; ni siquiera obtener algún empleo bien remunerado.

 

Estas 3 motivaciones para estudiar probablemente llevarán a quienes las dieron a sentirse fracasados y frustrados, cuando no logren aprender tanto como desean, su título no les dé el reconocimiento que esperan y no consigan su trabajo soñado.

Afortunadamente no son las únicas. Existe otra que garantiza, a quien la tiene, nunca frustrarse y alcanzar siempre su meta, sin importar las circunstancias o dificultades que enfrenten. Es la motivación para estudiar que mencionaron alumnos para quienes Dios ocupa el centro en su proyecto de vida:

Descubrir para qué tengo facilidad, desarrollar al máximo los talentos que Dios me ha dado, y ponerlos al servicio de mi comunidad.

Publicado el domingo 31 de agosto de 2025 en la revista 'Desde la Fe', de la Arquidiócesis de México, y en la pag web y de facebook de Ediciones 72