y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Vocación renovada

Alejandra María Sosa Elízaga*

Vocación renovada

Si alguien trabaja en lo que le gusta y sabe hacer, de seguro no querría cambiar de oficio. Por ejemplo quien disfruta manejar su taxi no querría pasar ocho horas encerrado detrás de un escritorio y viceversa, a quien le gusta emplearse en una oficina no querría pasarse el día yendo de aquí para allá. Lo que probablemente sí aceptarían ambos sería aprender a realizar mejor su chamba, mejorar lo que ya son.

No sorprende que el Señor lo sepa, el que nos creó conoce perfectamente nuestra psicología, pero sí llama la atención cómo lo toma en cuenta. Él, que tendría todo el derecho y la autoridad de pedirle a alguien a quien llama a Su servicio que renuncie a aquello para lo que es bueno, que nunca más vuelva a ocuparse de hacer algo que se le da, para lo que tiene facilidad y vocación, no lo hace. Al contrario. A Aquel que nos dio nuestros dones y capacidades no le gusta que los desperdiciemos, sino busca siempre modos de aprovecharlos al máximo.

Lo vemos en el Evangelio que se proclama este domingo en Misa (ver Mt 4, 12-23). En él se nos narra que “Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Síganme y los haré pescadores de hombres’...” (Mt 4,18-19). Los invitó así a darle un giro distinto a lo mismo que sabían hacer, hallarle un nuevo objetivo, infinitamente más pleno y satisfactorio: los invitó a poner sus cualidades al servicio del Reino de Dios. Tender sus redes no ya en el mar, esperando sacar muchos pescados, sino en el mundo, con la esperanza de salvar de sus turbulentas aguas muchas almas. Dice el Evangelio que, en respuesta a esta invitación, ellos de inmediato lo siguieron. Y vemos que siguieron siendo pescadores, pero con ese sentido que transforma y engrandece cualquier tarea por insignificante que sea: el de trabajar para el Señor. Y ni siquiera cuando Pedro fue nombrado por Jesús la roca sobre la que edificaría Su Iglesia (ver Mt 16, 18-19) dejó de lado su vocación, al contrario, se afianzó tanto en ella que incluso su barca se volvió símbolo de la Iglesia y heredó su título y su labor de pescador espiritual a todos sus sucesores.

En este domingo vemos a Jesús invitar a Sus primeros discípulos a poner su vocación, sus dones y talentos, a Su servicio.  Su voz resuena por encima del tiempo y del espacio, invitándonos a hacer lo mismo.

 

(Fragmento del capítulo titulado ‘Pescador’, del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “La fiesta de Dios”, Col. ‘Lámpara para tus pasos’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 30, disponible en Amazon).

Publicado el domingo 25 de enero de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72