y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Lo que no dijeron los Reyes Magos

Alejandra María Sosa Elízaga*

Lo que no dijeron los Reyes Magos

“Anoche tuve un sueño rarísimo.”

Tal vez fue la primera frase que dijo alguno de los reyes magos cuando se reunieron a desayunar en la mañana siguiente del día en que fueron a llevarle sus regalos al Niño Dios.

El Evangelio que se proclama este domingo, en la Solemnidad de la Epifanía (ver Mt 2, 1-12) narra cómo estos magos de Oriente descubrieron una estrella que anunciaba el nacimiento de un rey, y la siguieron hasta llegar a Jerusalén. Ahí como que se les perdió la estrella, tuvieron que pedir instrucciones, y se las pidieron nada menos que al rey Herodes, que se estremeció, porque eso de que hubiera nacido un rey lo hizo sentir amenazado. Puso a su disposición a los expertos en las Sagradas Escrituras para que les precisaran a dónde debían ir, y les dijo que cuando encontraran a ese rey regresaran a avisarle para poder ir él también a rendirle honores.

Dice el texto bíblico que ellos hallaron al Niño, le dieron los regalos que le llevaban, y que fueron “advertidos durante el sueño” de que no debían volver a ver a Herodes, así que debían regresar a su país por otro camino.

La Biblia no dice cuántos eran ni cómo se llamaban, pero para efecto de esta reflexión y según lo propone una antigua tradición, asumamos que eran tres estos magos de Oriente. Y como el texto bíblico emplea el plural, podemos asumir también que los tres soñaron lo mismo. Podemos suponer que tener que revelarles a los otros dos su sueño, requirió valor, porque implicaba cambiar radicalmente sus planes y superar 3 tentaciones: la de ceder a los respetos humanos; la de pensar que sabían mejor que Dios lo que convenía hacer, y la de aferrarse a su propia comodidad.  Consideremos lo siguiente:

Un rey mago pudo decir: “Ni loco les cuento a mis dos compañeros mi sueño. No, no, no. Cómo les voy a proponer que dejemos plantado a Herodes. Nos pidió que regresáramos, ¿vamos a quedarle mal?, ¡nos vamos a quemar!, va a decir que no tenemos palabra, y si el día de mañana necesitamos que nos haga un favor, ya no podremos contar con él. Además dicen que es muy vengativo.

¡O ya sé! Se los cuento y les propongo que vayamos a ver a Herodes un ratito, no quedarnos a comer ni a dormir, nada más le avisamos dónde está el rey para que pueda ir a honrarlo, y ya luego obedecemos lo que soñé y nos regresamos por otro lado. Así quedamos bien con el rey y también cumplimos parte de lo revelado en sueños.”

Eso hubiera dicho ese rey mago si hubiera sido como son hoy los ‘católicos de cafetería’, que van pasando y escogiendo lo que les gusta y dejando lo que no. De lo que enseña y pide la Iglesia, aceptan una parte sí y otra no, sólo lo que les conviene. aceptan ir a Misa, pero no todos los domingos; comulgar, pero no confesarse, y así por el estilo. Pretenden servir a dos amos. Pero no es posible quedar bien con Dios y con el mundo al mismo tiempo.

Otro rey mago pudo pensar: “No les voy a mencionar a mis dos amigos lo que soñé. No, no, no. ¡Cómo les voy a decir que no regresemos a avisarle a Herodes dónde está el Niño! ¿Qué van a pensar de mí?, ¡que soy un desalmado que quiero privarlo de ir a adorarlo, de tener un encuentro que puede mover su corazón! Ésta puede ser su oportunidad de conversión, ¿quién soy yo para privarlo de ella? Es nuestro deber anunciarle esta Buena Nueva, no debemos ser egoístas y guardarla sólo para nosotros. De seguro que al Niño Dios le daría mucho gusto ver a Herodes, que a pesar de lo que dicen de él, se ve que es buena gente y tiene muy buena disposición.”

Así hubiera dicho este mago si hubiera sido como mucha gente que por querer hacer un bien, desobedece lo que pide la Iglesia. Con buena intención, contradice la voluntad de Dios. Por un celo pastoral mal entendido, con tal de que el pecador se sienta ‘incluido’ y ‘no discriminado’, le facilitan cometer pecados. Pero en cristiano el fin no justifica los medios.

Por último, el otro rey mago pudo decir: “No les voy a comentar a mis dos cuates mi sueño, me van a decir: ‘¡No inventes!, ¡cómo que tenemos que regresar por otro camino!’. Y tendrían razón en reclamarme. Ya nos aprendimos la ruta, yo personalmente fui marcando en el mapa por dónde vinimos y hasta les hice unas marquitas a las palmeras por donde íbamos pasando para reconocerlas de regreso. Ir por otro lado nos obligaría a dar un vueltón, y nos vamos a tardar el doble en regresar. Nuestras familias se van a enojar. Además, en el trayecto hicimos amigos, quedamos de volver a verlos al regreso. Sería una grosería dejarlos plantados.

Y nos perderíamos disfrutar otra vez la espléndida hospitalidad de Herodes, que a la ida nos trató, literal, a cuerpo de rey: después de esas jornadas agotadoras bajo el inclemente sol del desierto, a lomos de un camello que se zangoloteaba como subibaja, qué delicia fue hospedarnos en su palacio, darnos un baño refrescante y disfrutar de un buen descanso nocturno en un lecho suave, con sábanas de lino y unos sirvientes abanicándonos y espantándonos las moscas. Y ¡qué decir de las ricuricias que nos perderíamos!: no sólo los banquetes en el palacio de Herodes, sino luego en el camino, por ejemplo, en aquel primer oasis, los tres coincidimos en que al regreso volveríamos a disfrutar del sabroso licuado de cactus, los taquitos de dromedario frito, el pastel de dátiles! ¡No, ni loco les cuento mi sueño y nos privo de gozar todo eso!

Eso habría dicho el rey mago si fuera como tanta gente que no vive buscando cumplir la voluntad de Dios, sino la suya propia, que suele llevarles por caminos seguros, agradables, que no exigen esfuerzo, que no los sacan de su zona de confort, que aparentemente les hacen bien, pero en realidad no son para su bien.

Al final, ya sabemos lo que sucedió. Ninguno de los magos se guardó para sí lo que soñó. Lo comentaron y sin poner demoras, peros ni pretextos obedecieron.

Pidamos al Señor, que lo que no dijeron los reyes magos nos mueva a nosotros a imitarlos en nunca decir no a los planes que nos propone, en permitirle que nos cambie los nuestros, aunque sea en forma inesperada y radical, confiando en que ponga o no una evidente estrella en nuestro horizonte, Él siempre va a guiarnos, siempre a acompañarnos.

Publicado el domingo 4 de enero de 2026 en la pag web y de facebook de Ediciones 72