y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Escucha

Alejandra María Sosa Elízaga*

Escucha

A una parada de camión llegó una pareja que venía discutiendo casi a gritos. A cada momento ella vociferaba: ¡¡escúchame!!, ¡¡¡es que no me escuchas!!!, y entonces a él se le ocurrió contestarle: ¡'es que ya sé lo que me vas a decir!'.

¡Uy, nunca lo hubiera dicho! Ella se dio por ofendida, contestó con un helado -y no precisamente comprado en nevería- 'bueno, pues si lo sabes no tengo nada más que decirte.' Y se retrajo en un silencio que no presagiaba nada bueno. En eso llegó el camión y ambos se fueron en él.

La escena terminó pero quedaron en el aire dos frases que mueven a reflexión.

Es que no me escuchas

Qué desesperante es platicar algo de importancia para ti con alguien que no te está poniendo verdadera atención porque está checando su celular, texteando, tecleando en la computadora, viendo la tele, o simplemente volteando para otro lado, distraídamente, te contesta con 'ajá' o 'mjm' o algo parecido, y te das cuenta de que su mente está en otra parte.

Resulta también decepcionante cuando necesitas que alguien se tome un tiempo para escuchar un asunto que quieres platicarle y te da largas: 'luego hablamos', 'después te llamo y nos ponemos de acuerdo', y ese momento nunca llega.

Es que ya sé lo que me vas a decir.

Abundan los 'adivinos-telépatas' que creen conocer a su interlocutor a tal grado que no lo dejan ni terminar la frase, vamos, a veces ni siquiera empezarla.

Esto deja a su interlocutor frustrado, sin poder decir lo que quería, sin oportunidad para exteriorizar su pensamiento.

No se vale creer que ya se sabe todo de otra persona, que ya nada en ella puede sorprender: todo ser humano es un universo de posibilidades inesperadas, de ideas nuevas, de creatividad en desarrollo.

No escuchar al otro o creer que ya se sabe todo lo que va a decir son dos actitudes que provocan en quien las padece, molestia y desilusión, y pueden causar la ruptura de una amistad e incluso de un matrimonio.

Ahora bien, cabe preguntarse, si eso es a nivel humano, ¿cómo será con relación a Dios?

Él también podría reclamarnos, y con razón: 'Es que no me escuchas.'

¿Te has puesto a pensar qué sentirá Dios cuando quiere decirte algo importante y te distraes, pensando en otras cosas sin prestarle verdadera atención? ¿Qué sentirá cuando pospones una y otra vez el encuentro con Él, atrasando el momento de sentarte a dedicarle tiempo, a escucharlo?

Quizá pensamos que ya sabemos lo que nos va a decir, pero eso es ridículo. Nuestra mente limitada no puede pretender abarcar la gama infinita de posibilidades que pueden ocurrírsele a Dios.

No porque conozcamos los diez mandamientos o hayamos leído la Biblia pensemos que ya lo sabemos todo de Él, no es así. En cada ocasión Dios tiene algo distinto que decirnos, algo quizá inesperado o quizá no del todo desconocido, pero con un matiz particular sumamente oportuno.

Como Dios sabe que la falta de escucha daña una relación, le preocupa mucho que en nuestra relación con Él fallemos en ese aspecto.

Este domingo en Misa, la Primera Lectura (ver Deut 6, 2-6) y el Evangelio (Mc 12, 28-34), muestran que lo primero que pide Dios en el primer mandamiento que da a Su pueblo, es: “¡Shemá!”, es decir: “¡Escucha!

Tenemos un Dios que nos habla, ¡lo menos que podemos hacer es prestar atención a lo que tenga que decirnos!

Pero, quizá te preguntes: ¿cómo escuchar a Dios?

He aquí una propuesta concreta: dedica un ratito cada día a platicarle lo que te está pasando; luego abre el Misal y lee las Lecturas del día. Deja que la Palabra de Dios resuene en tu corazón, que Su mensaje te ilumine, te responda o tal vez incluso te cuestione.

Medítala, saboréala, rúmiala y piensa qué harás en concreto para responder a Aquél cuya Palabra te interpela.

Atrévete a hacerlo y descubrirás con gozosa sorpresa que vale la pena escuchar a Dios; que nunca se puede dar por hecho que ya sabes todo lo que tiene que decirte, y que es el mejor conversador que puedes encontrar, claro, si le das la oportunidad de hablar...

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “El Regalo de la Palabra”, Colección ‘Fe y Vida’, ciclo B, Ediciones 72, México, p.151, disponible en amazon).

 

Publicado el domingo 31 de octubre de 2021 en la pag web y de facebook de Ediciones 72