y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Regocijo

Alejandra María Sosa Elízaga*

Regocijo

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha envido para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros, y a pregonar el año de gracia del Señor.”

Cuando leemos este texto del profeta Isaías, con el que inicia la Primera Lectura que se proclama en Misa este Tercer Domingo de Adviento (ver Is 61, 1-2.10-11), quizá nos vemos tentados a decir: ‘suena bonito, pero no es para mí, porque no soy pobre, ni tengo el corazón quebrantado, ni estoy cautivo o prisionero’, pero quizá nos apresuramos al afirmar eso. Consideremos lo siguiente:

Éste fue el texto que el propio Jesús eligió proclamar cuando inició Su ministerio público en la sinagoga de Nazaret. De todos los textos de la Escritura que podía haber escogido, escogió éste, tal vez porque pensó que expresaba muy bien el sentido de Su misión, y porque el mensaje contenido en éste, era para todos, también para ti y para mí.

Estamos a un domingo de Navidad, cuando el sentido de las Lecturas dominicales ha cambiado, ya no se enfocan en la venida de Cristo al final de los tiempos, sino en Su primera venida, y este texto ilumina su sentido, su feliz objetivo: alegrarnos, sanarnos, perdonarnos, liberarnos, en una palabra: salvarnos.

Éste es el Domingo Gaudete, o de la Alegría, y en esta Lectura, más adelante, el profeta afirma que se alegra en el Señor con toda su alma y se llena de júbilo. ¿Cuál es la razón de tanta alegría y júbilo? Que existe una buena nueva para los pobres, cura para los corazones quebrantados, perdón para los cautivos, libertad para los encarcelados. Y ello debe ser para nosotros motivo de grandísimo regocijo. Veamos por qué:

Lo de la buena nueva para los pobres, no pensemos que se refiere sólo a los pobres de dinero, hay muchas clases de pobreza. Ser pobre es carecer de algo. ¿De qué careces? Si careces de alguien que te ame, que te comprenda, que te anime y te ayude, la buena nueva para ti es que tienes a Jesús, que eterno Amigo, que prometió estar siempre contigo. Si careces de valor, o paciencia, o fortaleza, o paz, la buena nueva para ti, es que el Señor te las da, no tienes que depender de tus míseras fuerzas. De lo que sea que carezcas, el Señor puede colmarte, y a manos llenas. 

Lo de la cura para los corazones quebrantados es de gran consuelo para tanta gente triste, deprimida, desanimada, decepcionada de la vida, que no le encuentra sentido, que no encuentra razones para seguir adelante; gente que tiene el corazón quebrantado por personas o situaciones que la han lastimado, defraudado. Sólo el Señor es capaz de sanar un corazón así, porque sabe tomarlo, sin lastimarlo, en Sus manos compasivas, y llenarlo de Su amor.

Lo del perdón para los cautivos, en el original no está traducido como perdón (un amigo sacerdote siempre se queja de las malas traducciones del Misal), y quizá a alguno le suene extraño que alguien que está cautivo necesite perdón, más bien pensaría que necesita libertad, pero esta palabra no está tan desencaminada, puede suceder que haya quien esté cautivo porque se alejó del Señor, porque se dejó ‘cautivar’ por algo que lo acabó encerrando en el pecado, en adicciones, incluso quizá en malos hábitos de ésos que son socialmente aceptables pero que en realidad lastiman el alma y la relación con Dios, y entonces sí que necesita el perdón, sí que requiere que el Señor le tienda la mano y lo rescate.

Lo de la libertad a los prisioneros a más de uno puede incomodarle porque nos gusta pensar que somos libres, pero en realidad estamos atados a maneras de pensar y de actuar que el mundo nos propone, y que nos impiden vivir con la auténtica libertad de que gozan los hijos de Dios. Sólo la relación personal con Él puede liberarnos, sólo Él puede darnos la gracia que necesitamos para superar nuestras miserias, tristezas, ataduras y pecados. Sólo junto a Él podemos verlo todo en su justa perspectiva, en su justa dimensión, sólo Él nos ofrece la verdadera liberación.

En este domingo se nos invita a sentir un gran regocijo porque nuestro Salvador “está cerca”. En el contexto del Adviento, eso significa que falta menos para Navidad, pero en el contexto de nuestra vida en general, significa también que Aquel que viene a remediar nuestra pobreza, curar nuestro corazón quebrantado, perdonarnos y liberarnos, está cerca, tan cerca que no tienes que hacer nada más que suspirar y te escucha, pensar en Él y te responde, abrirle tu corazón, y lo colma con Su gracia, aceptar Su amistad, y te invita a pasar con Él la eternidad.

Publicado el domingo 17 de diciembre de 2017 en la pag web y de facebook de Ediciones 72, editorial católica mexicana.