y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

De vuelta

Alejandra María Sosa Elízaga**

De vuelta

Como un niño que se echa a andar, entretenido con lo que va encontrando, y cuando acuerda ya se ha alejado demasiado de su hogar y no tiene idea de cómo regresar, y la vuelta se le ha llenado de obstáculos que le parecen insalvables: la bajadita que descendió correteando se ha convertido en una empinada subida; los senderitos que recorrió son tantos y tan parecidos que ya no sabe cuál seguir y además ha oscurecido y se ve rodeado de impenetrables sombras, tal vez así somos nosotros.

Quizá nos hemos dejado distraer por muchas cosas que nos han salido al paso y cuando menos lo pensamos nos damos cuenta de que sin saber cómo nos fuimos apartando paso a pasito del Señor.

Tal vez un día sin orar se nos convirtió en un mes; faltamos un día a Misa y nos acostumbramos a ya no ir nunca; dejamos de confesarnos; de leer la Palabra, de asistir a charlas o a retiros, de platicar con Dios.

Y cuando nos damos cuenta y queremos dar marcha atrás, tal vez nos encontramos con una montaña que nos lo impide: una montaña de orgullo, de pretextos, de flojera, de ocupaciones a las que les hemos dado prioridad.

Retornar parece imposible.

Pero entonces llega el Segundo Domingo de Adviento, y descubrimos que Dios nos facilita el regreso.

En la Primera Lectura dice el profeta Baruc (ver Ba 5, 1-9) que “Dios ha ordenado que se abajen todas las montañas y todas las colinas, que se rellenen todos los valles hasta aplanar la tierra”.

¿Por qué ordenó eso Dios? Para que Su pueblo pueda “caminar seguro”, porque Él lo guiará de regreso.

Dice el profeta que habían salido “llevados por los enemigos”; también nosotros nos extraviamos no sólo por nuestra cuenta sino porque el enemigo, el demonio, se la ha pasado animándonos a tomar rutas equivocadas. Y ¡vaya que lo ha conseguido!

Pero lo bueno es que Dios no nos abandona.

Ha venido a rescatarnos.

Y tiene el poder para quitar todo obstáculo que nos impida tornar a Él.

Con Su gracia echa abajo nuestras montañas, rellena nuestros vacíos, y, como anunció el profeta que Dios haría con Su pueblo, nos guía a la luz de Su gloria y nos escolta con Su misericordia y Su justicia.

Apenas empezamos titubeantes a caminar de regreso y descubrimos que Él ha venido a nuestro encuentro con los brazos abiertos, dispuesto a colmarnos de Su amor y perdón.

Ahora depende de nosotros aceptar Su ayuda.

¿Cómo?

Por ejemplo, aprovechemos Su gracia haciendo una buena Confesión; vayamos a Misa a recibir Su abrazo, Su Palabra, a Él mismo en la Eucaristía; apartemos un ratito cada día para dialogar sabrosamente con Él en la oración.

Adviento, tiempo de conversión, de comprender que nunca estamos mejor que cuando estamos de vuelta con el Señor.

* Publicado el domingo 9 de diciembre de 2012 en la pag web de 'Desde la Fe' (www.desdelafe.mx) y en la del Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (www.siame.com.mx). Conoce los libros y cursos de Biblia gratuitos de esta autora, y su ingenioso juego de mesa 'Cambalacho', ideal para regalar en esta Navidad, aquí en www.ediciones72.com Búscala en facebook: Ale M Sosa E y en twitter: @AleMSosaE